San Francisco, 26 de junio de 1945
NOSOTROS LOS PUEBLOS DE LAS NACIONES UNIDAS RESUELTOS
· a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles,
· a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en 1a dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas,
· a crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes del derecho internacional,
· a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad,
Y CON TALES FINALIDADES
· a practicar la tolerancia y a convivir en paz como buenos vecinos,
· a unir nuestras fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales,
· a asegurar, mediante la aceptación de principios y la adopción de métodos, que no se usará la fuerza armada sino en servicio del interés común, y
· a emplear un mecanismo internacional para promover el progreso económico y social de todos los pueblos,
HEMOS DECIDIDO UNIR NUESTROS ESFUERZOS PARA REALIZAR ESTOS DESIGNIOS
Se oye conmovedor, no me digan que no. Desafortunadamente es solo eso, el enternecedor preámbulo de una utopía (o una hipocresía) organizada.
La ONU es como un café de barrio. Puede que allí se charle o discuta acaloradamente sobre muchas cuestiones, algunas de mayor importancia. Pero las que realmente nos afectan y requieren mayor atención y preocupación se discuten y, sobre todo, se deciden a puertas cerradas en las oficinas donde se ejerce el verdadero poder. LAMENTABLE PERO REAL.
Esto sirva quizás para explicar el tristemente normal escenario político, económico y social mundial al que nos hemos acostumbrado. Duele admitirlo, la ONU y todos los países que la componemos vivimos fracasando.
Solver