Lo complejo de las relaciones humanas no reside en realidad en las relaciones humanas sino en los humanos que se relacionan. Cuando se trata de relaciones de pareja son varias las posturas que se pueden tomar y varias las reacciones que se pueden tener ante distintas situaciones.
En general, los actores que ejercen presión sobre nuestros cuerpos para actuar son dos abstracciones claramente asignables a dos partes del cuerpo: La razón con cede en la cabeza y la pasión con cede “central” en el corazón (a veces atiende en otros lugares!). Mientras la primera es más fría, calculadora y estratega, la segunda es más pura, noble, espontánea y natural. Claro que en ocasiones se sienta a la mesa de negociaciones un tercer señor (o señora) también fácilmente identificable con un órgano del cuerpo pero cuya abstracción me cuesta encontrar. La llamaremos entonces calor. Tenemos entonces la razón, la pasión y el “calor” en permanente disputa por la gobernación de nuestros actos. Los dos últimos han desarrollado una estrecha relación bilateral a lo largo de la historia. Suelen ser buenos socios aunque no siempre responden a los mismos intereses y lógicamente se enfrentan.
Que o cual de estos actores lleva la voz de mando es una incógnita que se devela en cada caso de manera distinta. Esto, claro está, ayuda a definir la dinámica del comportamiento de los sujetos y esto a su vez sirve para definir su personalidad. Tenemos por un lado las personas racionales, por otro las pasionales y por último las calentonas. En el medio están los matices, obvio.
Cual es la manera más acertada de comportamiento en cada caso? A quien debemos dar prioridad a la hora de tomar una decisión? La respuesta, imagino, se halla en cada uno de nosotros y esto afortunadamente es lo que nos hace diferentes. Cada quien adopta distintas posturas para su vida y algunas pueden cambiar según las circunstancias. Es decir, no se comportan necesariamente siguiendo una línea lógica.
¿Es menester la búsqueda de un equilibrio? Todos tendemos a decir que sí. ¿Porque será? Si la vida no transcurre sobre una cuerda floja ¿Porque siempre buscamos el equilibrio? ¿Acaso se nos mueve el piso? ¿Acaso vivimos ebrios? Confesiones personales al margen, no lo se. ¿Quien lo sabe??
Como sea, y creo que a esto apunta este divague, lo importante es que aprendamos a respetarnos en la divergencia. Muchas veces renegamos de las personas que no actúan como nosotros lo haríamos perdiendo de vista lo triste que sería si así fuera. Inclusive, al ver que cometieron un error, en el caso en que realmente así haya sido (los errores son medibles solo con el paso del tiempo), lo primero que acotamos es el tan famoso como despreciado “te lo dije”. Señoras y señores Solver recomienda relajarse y como diría el genial Sir Paul Mc Cartney, LET IT BE.
Solver
domingo, 1 de marzo de 2009
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