domingo, 18 de enero de 2009

En Hora Buena

Desconfiando de mis ojos doy unos pasos más para asegurarme y constato lo que creí haber visto. A continuación empiezo a experimentar una serie de raros síntomas. Primero un agobiante nudo en la garganta seguido de una continua y desesperante necesidad de tragar saliva.
Segundo, un agudo dolor en el estomago, quizás nauseas y el inmediato rechazo al exquisito aroma arrojado por panes de manteca recién horneados.
Probablemente ceguera. Recorrí inútilmente 6 veces la misma góndola en la que delante de mis ojos se encontraban siempre las servilletas que no lograba encontrar. Acorralado por mis pensamientos.
Probablemente sordera. Nada de lo que mis padres decían era registrado por mis oídos aun cuando se dirigían hacia mi. Anulado por mi tormento.
Profunda irritabilidad seguida de ira. Conducir el auto que me llevaba a “casa” fue una verdadera cruzada callejera. Más de un transeúnte, más de varios automovilistas me oyeron maldecir.
Me tiembla el pulso a la hora de escribir, me recorre una profunda sensación de angustia y dolor corporal, los hombros me pesan, siento presión en los oídos, contraídos los músculos, transpirada la frente.
Es como si algo en lo mas profundo de mi se hubiese desgarrado, como una profunda y muy reciente herida en el alma, como un puñal que llega a las entrañas.
Ninguna de estas sensaciones han sido experimentadas por mi al menos en los últimos 5 años. Lógicamente ya las había olvidado.
Que es lo que ha sucedido? Simple, acabo de ver en el estacionamiento del supermercado a la chica en la que he estado pensando, desde el abrir de mis ojos hoy, subirse al auto de un joven y bello hombre, no es su hermano.
Ya en casa, luego de haberme peleado con el teléfono que se rehusó caprichosamente a satisfacer mis ordenes, desesperado, le grito al espejo... En hora buena y por suerte nene, estás vivo!

SOLVER

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